documental sobre la toma del frigorifico lisandro de la torre
Fue una gesta
popular que
comenzó con la
declaración de
huelga y toma del
establecimiento y
concluyó con una
huelga general
revolucionaria. La
acción duró cuatro
días, desde el 17
al 20 de enero y
fue totalmente
espontánea.
Gobernaba el país el
Dr. Arturo Frondizi,
que había llegado a
la primera magistratura por
medio de los votos peronistas
y luego de un pacto que
hizo con el propio Perón (que
estaba proscripto). Pacto,
donde entre otras cosas se
comprometía a liberar a los
presos políticos, gremiales y
conexos, sancionar la Ley de
Asociaciones Profesionales
y otorgar un aumento de salarios
de hasta el 60%. Una
vez en el gobierno, Frondizi
rompe el pacto y comienza
a escuchar las voces de la
oligarquía y del Fondo Monetario
Internacional (F.M.I.).
Cambia la plataforma electoral
por un plan de “austeridad
y expansión” que consistía
en privatizaciones, despido
de empleados públicos,
congelamiento de salarios,
reducción de obras públicas
y pago puntual de la deuda
externa.
El gobierno de Frondizi
pretende privatizar (léase
desnacionalizar) el Frigorífico “Lisandro de la Torre”,
por medio de una licitación
internacional que al final
será adjudicada a la C.A.P.,
(Corporación Argentina de
Productores de Carne), que
no es otra cosa que una
empresa manejada por la
oligarquía vacuna directamente
ligada a los intereses
comerciales de los EE.UU.
e Inglaterra. ¿Por qué digo
desnacionalizar? porque
hasta ese momento el Estado
Nacional recuperaba directamente
una gran cantidad
de divisas provenientes
de su cuota de exportación
de carnes.
Algunos datos a tener en
cuenta: 1) Las instalaciones
del frigorífico estaban
valuadas en alrededor de
1.000 millones de pesos
de entonces. 2) Por día se
faenaban un millón y medio
de kilogramos de carne vacuna
para consumo. 3) En
las tareas trabajaban 9.000
obreros y se sabía que los
nuevos dueños iban a “racionalizar”
el personal; cosa
que así sucedió porque solamente quedaron trabajando
3.000 de aquellos nueve
mil iniciales.
El día 12 de enero Frondizi
eleva al Parlamento el proyecto
de ley para privatizar
el frigorífico. El 14 de enero,
Sebastián Borro (delegado
gremial, hombre de la Resistencia
Peronista), irrumpe
en el Congreso con otros
compañeros, exigiendo “la
defensa del patrimonio nacional
y contra la entrega
del frigorífico a manos privadas”.
En asamblea multitudinaria
del personal, se
decide el paro de actividades
y la toma del frigorífico.
En la madrugada del 17 de
enero, 1.500 hombres armados
hasta los dientes, pertenecientes
a la Policía Federal,
Gendarmería y Ejército
irrumpen en el frigorífico.
Los represores contaban
con cuatro tanques de guerra
norteamericanos (“Sherman”)
de 35 toneladas cada
uno. El primer tanque, el que
rompe los portones está comandado
por un joven oficial
del Ejército, Jorge Esteban
Cáceres Monié, más tarde
jefe de Policía de la dictadura
militar de Lanusse y
mucho más tarde aún, abatido
por un comando montonero
en Entre Ríos, el 3
de diciembre de 1975. Entre
sus filas, la Policía Federal,
cuenta con otro represor de
lujo, el comisario Luis Margaride,
luego jefe de policía
de Isabel Martínez y López
Rega en 1974.
Volvamos a los hechos. Los atacantes, como expresé,
rompen los portones y avanzan disparando tiros y lanzando gases a
diestra y siniestra, en tanto los trabajadores resisten como pueden al
grito de “Patria sí, colonia, no”.
Si bien fallan algunas medidas de defensa (tirar chorros
de agua caliente a presión desde las mangueras existentes o largar
5.000 reses desbocadas entre las fuerzas represoras), otras sí logran
efectivizarse: como tirarles los carros de faenamiento por las escaleras
a los efectivos que quieren subir a apalear obreros; o desde las
alturas del edificio, lanzar como improvisados y efectivos proyectiles,
inmensas roldanas sobre las humanidades represoras.
Desalojados los obreros de la fábrica a un alto costo
social y político (hay inclusive un muerto), la batalla se extiende a
toda una barriada popular y combativa que si bien tiene como epicentro a
Mataderos, alcanza también a Villa Lugano, Villa Luro, Liniers, Bajo
Flores y parte de Floresta. En toda esa zona: cierran los negocios en
solidaridad con los huelguistas; se corta la luz del barrio,
inutilizando todos los focos de alumbrado; se hacen barricadas con los
árboles y adoquines de las calles; se dan vuelta camiones; se incendian
algunos colectivos; se siembran las calles con clavos “miguelito”; se
levanta el empedrado de las calles por sectores, para que se atasquen
los patrulleros que persiguen a los revoltosos; las puertas de las
casas permanecen siempre cerradas para los represores, pero abiertas
para asistir o ayudar a escapar a los resistentes. Es importante
recalcar que se logra la adhesión de los obreros de la zona, de las
fábricas de Jabón Federal y Pirelli. A nivel nacional se logra el paro
de los ferrocarriles, el comercio y de las actividades del puerto de
Buenos Aires. Y hay atentados con “caños” y explosivos, en solidaridad
con la lucha obrera, en todo el país.
Resulta claro que una nueva generación, integrada por
miles de jóvenes trabajadores, se incorpora a la lucha, aportando
iniciativas y experiencias combativas inéditas en nuestra historia
social.
Pero las traiciones de algunos dirigentes gremiales,
captados por el “integracionismo” de Frondizi, terminan erosionando el
conflicto. Es el caso de Eleuterio Cardozo del gremio de la carne y de
Adolfo Cavalli de petroleros, que quitan el apoyo inicial dado a la
huelga. Terminan encarcelados 264 obreros y activistas, entre los
cuales está la dirección sindical del Frigorífico y el compañero Felipe
Vallese, luego con el gobierno títere de José María Guido, convertido
en el primer detenido-desaparecido de origen peronista. Durante ese año
(1959), según el Ministerio de Trabajo, sólo en la Capital Federal se
perdieron 10.078.138 horas de trabajo por las huelgas; y la
International Labour Organisation estableció que era la mayor cifra
mundial de horas caídas por huelga.
Concluyo con una frase de John William Cooke inserta en
la proclama de la huelga del frigorífico dada a conocer a la opinión
pública y donde refuta al gobierno que hipócritamente se escandaliza por
el grado de violencia alcanzado en los sucesos antes relatados: “Si
los medios de lucha que ha usado (la clase trabajadora) no son del
agrado de los personajes que detentan posiciones oficiales, les
recordamos que los ciudadanos no tienen la posibilidad de expresarse
democráticamente y deben alternar entre persecuciones policiales y
elecciones fraudulentas. No es posible proscribir al pueblo de los
asuntos nacionales y luego pretender que acepte pasivamente el
atropello de sus libertades, a sus intereses materiales y a la soberanía
argentina. No sé si este movimiento nacional de protesta es
‘subversivo’, eso es una cuestión de terminología, y en los países
coloniales son las oligarquías las que manejan el diccionario. Pero
sí puedo decir que el único culpable de lo que pasa es el gobierno,
heredero en esta materia de la oligarquía setembrina. Por el ello el
pueblo está en su derecho de apelar a todos los recursos y a toda clase
de lucha para impedir que siga adelante el siniestro plan entreguista.
Esa y no otra es la meta que procura el Justicialismo encabezado por
su Jefe, el General Perón”.

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